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Conocimiento y decisión



 Francisco Díaz Montilla


 Existe una relación muy estrecha entre creencia, conocimiento y acción (toma de decisiones). Al menos de acuerdo con la epistemología, una cosa es tener una creencia y otra cosa es tener conocimiento. Un elemento esencial, aunque no siempre explicitado, en el caso del conocimiento es la idea de justificación; y aunque desde el punto de vista lógico hay distintos abordajes para esta idea (justificación como prueba en sentido lógico-matemático, justificación como cierta categoría de objetos, etc.), o desde un punto de vista (si se quiere) práctico: justificación deontológica, justificación no deontológica, etc., desde el punto de vista empírico, la idea de justificación se relaciona con evidencia, respaldo, hecho, estado de cosas, en fin. Adicional, usted puede tener creencias falsas, v.g., la vitamina C protege del coronavirus; pero ¿podría tener conocimientos falsos? Dado que es posible tener creencias falsas, se sigue que tener una creencia no implica lógicamente tener conocimiento; sin embargo, ¿podríamos tener conocimiento sin creer lo que se conoce? ¿Podría usted saber que el coronavirus está causando estragos en Italia sin creer que en efecto es así? Claramente no: la creencia, por tanto, es -para ponerlo kantianamente- una condición de posibilidad del conocimiento.

Creencia y conocimiento son esenciales para la toma de decisiones: Una persona puede tener un estado doxástico/epistémico con respecto a que habrá escasez de alimentos dentro de una semana y se lanza despavorida a adquirirlos, antes de que sea demasiado tarde, es decir: actúa en relación con lo que cree o sabe. 

Sin embargo, la posibilidad de lanzarse a buscar los alimentos tiene connotaciones distintas, dependiendo de si el estado es epistémico (la persona sabe) o si es doxástico (la persona cree). En el primer caso, si la persona actuase contradiciendo lo que sabe, podría lamentar su inacción y su lamento estaría justificado: se habría equivocado. En el segundo caso, la situación es distinta, justamente porque la creencia de la persona podría ser falsa; desde luego, podría igualmente lamentar su inacción, pero difícilmente se podría decir que se ha equivocado al no actuar de acuerdo con su creencia (sesgo de retrospectiva).

Por supuesto, lo que en un momento es creencia puede devenir en conocimiento, en otro momento. Esto, sin embargo, no siempre parece ser adecuadamente comprendido. 

Pensemos en el coronavirus. En efecto, nuestros estados epistémicos actuales (EEA) son radicalmente distintos a los que poseíamos -digamos- hace un mes (EEP). Una diferencia importante es, por ejemplo, que a mediados de febrero no se tenía registro (conocimiento) de personas infectadas (aunque es lógicamente posible que los hubiera), existía una asimetría en todo sentido (lógico, epistémico, psicológico) entre EEP y EEA; aunque no pocos creían (estado doxástico más que epistémico) que el coronavirus estaba en Panamá. Pero -como hemos dicho- creer que algo es el caso no implica saber que es el caso.

Un mes más tarde, considerando los primeros reportes, se confirma lo que algunos creían con antelación: que el coronavirus estaba en Panamá. Hasta aquí no hay nada fuera de lugar, pues al menos desde una perspectiva teórica, simplemente, se habría confirmado empíricamente una hipótesis. ¿Pero qué implica esta confirmación con respecto a lo que se debió hacer en el pasado? Absolutamente nada.

Sin embargo, con frecuencia -y en redes sociales abundan los testimonios- solemos realizar inferencias erróneas, obviando que existe una asimetría epistémica entre EEP y EEA; es decir, evaluamos los elementos epistémicos propios de EEP en términos de EEA, de modo que los cursos de acción que puedan derivarse prácticamente en este último son los cursos de acción que podrían derivarse en el primero. En otras palabras, era imposible empíricamente tomar, entonces, decisiones que podemos tomar hoy: declarar emergencia nacional, implementar toque de queda, establecer controles en provincias, salvo -claro- que nos comprometamos con el sesgo de retrospectiva. Esas medidas se toman dependiendo de cómo vaya evolucionando el fenómeno del contagio. Una actitud bayesiana permite comprender esta situación de manera adecuada. 

¿Se debieron suspender los carnavales como indican algunos? Si relacionamos la decisión con estados epistémicos, definitivamente que no; ya que hasta ese momento no habían sido reportados casos de coronavirus ni en el país ni en la región; tomar esta medida en aquel momento equivaldría (o implicaría) a que las medidas que ahora se han tomado, debieron tomarse entonces; y esto es absurdo. 

Desde luego, se puede sostener que la medida debió tomarse porque había indicios (estados doxásticos) de que el virus estaba presente. Pero una postura como esta nos lleva a preguntar si es dable a la autoridad que tome decisiones basándose en indicios, intuiciones, corazonadas o creencias a secas; o esas decisiones han de tener un respaldo epistémico robusto. Yo honestamente me inclino por lo segundo. 



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