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Las posiciones del diablo

Pedro Luis Prados

El desenlace de las demandas interpuestas al diario La Prensa por el expresidente Ernesto Pérez Balladares ha puesto de sobremesa la situación lacerante que vive el periodismo panameño, degradado su trayectoria histórica y dejado en el desamparo la libertad de prensa. La manipulación de la información, el sensacionalismo, el terrorismo mediático, la reorientación de la opinión y todos aquellos mecanismos que William Randoph Hearts creó a principios del siglo XX en la configuración de un periodismo para las masas ha sido aplicado por décadas a destajo, sin respetar la dignidad de las personas y la credibilidad de sus lectores.

En el caso de La prensa, auquellos que en su momento se vieron afectados de alguna manera por las publicacaciones han salido a demonizar las prácticas del diario y a respaldar las medidas tomadas contra la empresa. Los políticos denunciados por la secuela de sus acciones, sus actuaciones dolosas, malas decisiones o incumplimiento de sus leyes, salen de ultratumba a reivindicar estigmas y a desodorizar linajes. Entre esos abonados en la ceremonial del adiós que se le quiere dar a la publicación, defensores oficiosos u oficiantes del actual gobierno hans salido a la luz pública para reivindicar las actuaciones, personajes y proyectos de un régimen que, en una meteórica carrera sin precedentes, llenó su cuota de desprestigio en menos de un año.

Pocas son las ocasiones en que se enfrentan dos posiciones y el público, como espectador pasivo del evento, después de sopesar argumentos y analizar el acumulado histórico de los contendientes no declara un ganador, ni siquiera un empate, sino que en salomónica deliberación da la razón a ambos lados del conflicto. Sin siquiera considerar una toma de posición ni entrar en decididos discursos de ciudadanía, asumiendo la curiosidad y el cuidadoso distanciamiento del observador de aves, ha contemplado el evento con esa natural avidez de novedades que envuelve la vida cotidiana. Actitud comprensible en una población en que los dignos principios de libertades abstractas heredadas de la Ilustración, han pasado a ser letra muerta de deconstrucción valorativa gestado por las mismas instituciones creadas y sostenidas para garantizarlas.

La fundación del Diario La Prensa surge como respuesta a una vocería independiente que clama por la recuperación de los derechos ciudadanos, la libertad de expresión y el Estado de Derecho ante un régimen de facto que había puesto bajo su tutela los principales medios escritos y cooptado de múltiples maneras la televisión y la radio. La concepción de apertura democrática permitió el ejercicio de un periodismo crítico, bien sustentado, con informaciones fidedignas, pero igualmente abrió las puertas a un periodismo cultural polifacético que fue un modelo para otros periódicos de la región. En sus páginas se alternaban las duras críticas salidas de prestigiosas figuras con sesudos análisis sobre literatura, arte o novedades científicas.  Memorables son sus suplementos que, como La Enciclopedia de la Cultura Panameña, Talingo, Mis provincias, agotaban los tirajes esos días de la semana y que aún hoy son objeto de cuidadosa colección para muchos panameños por sus contenidos y recuerdos de su niñez

La invasión de 1989 trajo consigo la promesa de felicidad, el Reino de la Libertad había llegado, una nueva era se avecinaba en las ístmicas tierras y podríamos, como anunciara el poeta José Franco, “oler tu casa limpia/ sentir la aurora libre/ sobre tu patrimonio. Pero la invasión trajo consigo las reglas del invasor y las ambiciones de los nuevos inquilinos y, en un abrir y cerrar de ojos, las ilusiones navideñas de los panameños se convirtieron en mueca y las esperanzas en el mismo carretear cotidiano de sus frustraciones. A ello no escapó el ejercicio del periodismo, cuyas empresas al tomar partido en la contienda, se alinearon políticamente y se transformaron en gigantescas maquinas de manipulación de la opinión publica.

 El proceso de fagocitosis practicado por el sistema bancario mediante compra, fusiones, alianzas y permutaciones se aplicó a los medios y, en alguna forma, los mismos actores participaron en unas y otras operaciones. Y como el escenario no estaría completo para la concepción neoliberal del modelo impuesto, la vieja práctica oligárquica de núcleos familiares en la manipulación política, se modernizó convirtiendo los partidos políticos en instrumentos de esa nueva configuración social de la riqueza, lo que explica en alguna medida los conflictos, la extrapolación de intereses y los alineamientos escandalosos de los medios con los grupos en el poder. Como en el fútbol, cada equipo tiene su “hinchada” y todos gritan desde las gradas.

Por eso no es nuevo para los panameños los conflictos entre los medios de comunicación y los gobiernos de turno, como tampoco son nuevos los mecanismos para cooptar la filiación de los mismos. Desde la compra de publicidad hasta los edictos judiciales son objetos de cortesanos lobbys y de enjundiosos editoriales. Que el actual gobierno, en su limitado conocimiento de las maniobras de colusión de la política criolla desconozca como lograr el apoyo o por lo menos neutralizar los ataques de los medios, es un problema de sus figuras, no de los medios. Los sucesivos escándalos de corrupción, incompetencia comprobada y nepotismo escandaloso es una condición de la pobre conciencia moral de los gobernantes que aflora en sus actuaciones y que es fácilmente percibida por la opinión pública.

 Nadie desconoce que los medios de comunicación han sido superados en millones de veces por recursos tecnológicos más rápidos y directos, que aquello archivos ocultos en anaqueles sellados ahora están en el cyberespacio navegando en libre albedrío y que las redes, como otrora el Ojo Divino, hurgan y ven cada uno de sus actos. No hay compras dolosas, comisiones malhabidas, negociaciones fraudulentas, coima sabanera que permanezca en total secreto. Tal vez por eso los panameños, conocedores ya de las venenosas pociones del demonio, viven su penosa cuarentena encerrados, humillados y expoliados, pero no se dejan arrastrar en esa infame lucha  entre la cobra y la mangosta.

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